
Jericoacoara fue durante mucho tiempo una playa frecuentada sólo por aventureros, esa playa casi desconocida de nombre indÃgena exótico y de difÃcil acceso era junto con Fernando de Noronha el sueño de libertad y paraÃso que tenÃa Brasil destinado sólo a los viajeros más valientes y arriesgados. Sin embargo eso comenzó a cambiar a mediados de los años 90.
La playa empezó a aparecer en medios masivos de comunicación, principalmente de los Estados Unidos; alguien arbitrariamente la habÃa elegido (como si las playas pudieran ser jerarquizadas en base a su belleza) como una de las 10 playas más lindas del mundo. Jericocacoara empezó entonces a aparecer en todos lados, en la guÃa Lonely Planet, en la Let's Go, en los fondos de producciones fotográficas con espectaculares modelos y en los catálogos de destinos turÃsticos de las agencias de viaje.
El humilde pueblo de pescadores cearense comenzó a desarrollarse para atraer al turismo, y a partir de este desarrollo dejó de ser casi una aventura delirante conocer Jeri, ya no se corrió el riesgo de infectarse de alguna infección desconocida y quedar a merced de la sabidurÃa de alguna anciana nativa sobre plantas medicinales para sobrevivir, como me contaba en una anécdota uno de esos primeros viajeros adelantados que se atrevieron a este exótico caserÃo de pescadores a finales de los años 80.
Jericoacoara es hoy en dÃa una playa rústica pero accesible, si bien no tan accesible como otras playas más conocidas; hecho éste que hace que aún no haya sido invadida del todo por el turismo masivo y mantenga su encanto fuera del mundo. Un equilibrio ideal para quienes quieran combinar paisajes de variedad impresionante lejos de las multitudes, pero aún asà con una aceptable, dentro de lo modesta, infraestructura turÃstica.
No esperen club meds ni resorts all inclusive aquÃ. Tampoco esperen contar demasiado con la tarjeta de crédito por lo que es necesario hacer cálculos previos de los gastos dependiendo del presupuesto y llevar efectivo. Es posible encontrar posadas y precios en general baratos sobre todo en la baja temporada, que es entre marzo y junio.
Jericoacoara, es un área de preservación ambiental, cuyo objetivo es mantener a la región a salvo de los perjuicios ecológicos que la llegada masiva de turistas trae consigo. No nos olvidemos que hasta hace 20 años este lugar era una aldea de pescadores olvidada del mundo y en pocos años se ha transformado en un destino turÃstico internacional. Ha sido además declarada Parque Nacional en el 2002 lo cual aumenta las restricciones que buscan evitar la depredación ambiental y marÃtima, y está previsto implementar asimismo una tasa de preservación ambiental, similar a lo que ya ocurre en la isla Fernando de Noronha.
Su principal atractivo son las dunas inmensas a orillas del mar, las lagunas cristalinas y la impresionante variedad geográfica que incluye playas inmensas en la bajamar, ensenadas, montes y oasis de vegetación tropical que sorprende por contraste con la aridez mayormente desértica del entorno. Sus famosas dunas se desplazan y mutan con el viento, y es ese mismo viento que mueve las dunas, el que hace que esta playa sea un paraÃso internacional de los deportes acuáticos como el windsurf y el kitesurf. A esta variedad se agregan estructuras rocosas, como la famosa pedra furada, una formación rocosa erosionada con un gran agujero en el medio formando un arco al borde del mar que, entre los meses de junio a agosto, permite ver el sol caer sobre el mar enmarcado por su arco rocoso.
La puesta del sol sobre el mar, es otra de las principales atracciones del pueblo, este espectáculo que es común en Sudamérica en las playas del pacÃfico, es raro en playas de Brasil. Sólo conozco tres playas brasileñas continentales en las que se puede apreciar un bellÃsimo atardecer en el mar, una es Jericoacoara y la otras dos son Farol da Barra en Salvador de Bahia e Ipanema en RÃo de Janeiro.
En Jericoacoara la naturaleza y el sol comienzan su función cada dÃa al caer la tarde -muy temprano a eso de las 5 de la tarde como es habitual en zonas cercanas al ecuador- si el horizonte está despejado, los visitantes suben en romerÃa la duna gigantesca para ocupar su lugar en lo alto de esa especie de anfiteatro natural y contemplar la extraordinaria belleza de la puesta de sol; y como en todo espectáculo extraordinario, aplaudir al final.
Es común que haya alguna gente que se desilusiona al visitar Jeri por el color del mar, traen en la imaginación la idea de que están viajando a una de las 10 playas más lindas del mundo y de pronto llegan un dÃa nublado luego de haber llovido y se encuentran con un mar como cualquier otro, que contrasta notablemente con el turquesa paradisÃaco que traÃan en sus mentes. El color del mar aquÃ, como en muchas otras playas de Brasil, depende de muchos factores: la estación del año en que se viaja, el viento, la dirección y la intensidad de las corrientes marinas, si ha habido lluvias o tormentas recientes, el estado de las mareas... Por eso a veces puede ser de un verde turquesa parecido a otras playas del nordeste y otras veces no tanto.
Por el contrario las aguas de las lagunas cercanas (Lagoa Azul y Lagoa ParaÃso a unos 5 kms de la costa - sà son casi siempre de un color azul-esmeralda increÃble, de agua cristalina y arena muy blanca, y la primera además ofrece algunas posadas y restaurantes en sus margenes. Estas lagunas paradisÃacas que se conectan entre sà en un punto, recuerdan en algunos ángulos a lugares del caribe o la polinesia. (Ver las lagunas en el mapa satelital).
En baja temporada, la soledad del paisaje puede ser conmovedora, caminar por las inmensas playas en la bajamar permite pasar desde la soledad absoluta de un desierto inmaculado frente al mar, a la aparición repentina de pequeños oasis de vegetación y racimos de cocoteros.
La aldea de Jijoca de Jericoacoara se encuentra a unos 300 km de Fortaleza (6 horas de ómnibus en la empresa Viaçao Redenção) y sin caminos asfaltados en el último trecho desde Jijoca, recorrido éste que debe realizarse en vehÃculos 4x4 o combinar con la pintoresca jardineira, especie de camión doble tracción con asientos y abierto a los lados que recorre los últimos kilómetros hasta Jericoacoara en un viaje de aproximadamente una hora.
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